Aléjate de él

7 de noviembre de 2016
Esta es una carta abierta a todas las personas que se encuentran saliendo con una persona con la esperanza de que suceda algo más. Estos últimos meses varias amistades la han pasado mal en cuestiones de pareja, cuándo tratamos de llegar al origen del problema siempre sucede a que han elevado demasiado sus expectativas hacia su amigo con derechos, fuckbuddy, o simplemente su chica/o y necesito decirles algo:

Replantemos la pregunta a: ¿Por qué sales sólo con patanes?

Libro del mes: Female Chauvinist Pigs

26 de octubre de 2016
Female Chauvinist Pigs: Women and the Rise of Raunch Culture podría traducirse como "Cerdas chauvinistas: Mujeres y el alza de la cultura Raunch". Por cerdo chauvinista se hace referencia a esos hombres que objetivan a las mujeres y se creen superiores a ellas, por cultura raunch  a todo aquello sexoso, vulgar e hipersexualizado. En este ensayo publicado en 2005, Ariel Levy crítica a la cultura raunch, y la explica como un producto de la guerra no resuelta entre el patriarcado y el movimiento feminista de liberación sexual.


Probablemente gracias a su experiencia como columnista, Levy ofrece un ensayo sumamente sencillo de leer, sin embargo, será el primero y el último que lea de ella. Más abajo les explico por qué.


Cosméticos libres de crueldad animal

23 de octubre de 2016
No soy vegana por varios motivos -que podría discutir en otra ocasión- pero desde que soy adolescente reducía mi consumo de alimentos de origen animal al mínimo, y ahora que decido sobre lo que consumo me he propuesto dejar los productos cosméticos que hagan pruebas en animales. Me pregunté ¿Por qué no he dejado de consumir maquillaje que hace pruebas en animales? ¿Por "necesidad", por "pocas opciones"? Y me di cuenta que no tenía ninguna excusa: Hay muchas opciones libres de crueldad animal tanto de baja gama (o de farmacia) como de alta gama. Entonces decidí dejar de comprar MAC para comprar Urban Decay, Benefit por Too Faced, Revlon por NYX, Maybeline por Milani... Y la lista sigue. Te comparto un poco de información sobre este tipo de productos para que también te animes a hacer esta transición.

Soy gorda

22 de septiembre de 2016
Esta es una entrada de una colaboradora invitada, si gustas mandar tus escritos a Yo, Lolita no dudes en dejar un mensaje con tus datos de contacto para hacerte llegar la información. 

Autora: Itzia Rangole, publicado originalmente aquí
Edición de estilo: Nadia A.

Ilustración de Mariana Avila


Ante el vicio de las personas de usar mi cuerpo para descalificarme, tengo una respuesta: 

Gorda es un adjetivo calificativo usado para “personas o animales que tienen una cantidad excesiva de grasa corporal”. Gorda es también el apelativo con el que se refieren a mí cada vez que quieren insultarme: Pasando por el recuerdo de la primaria cuando fui “gorda mantecosa”, hasta la actualidad, donde inmediatamente después de que una persona se siente ofendida por mí, me grita: “pinche gorda”. Gorda. Soy una persona que tiene por propia voluntad y desidia un peso mayor a los 100 kilos. Nunca he sido delgada; desde los 17 años la báscula comenzó a señalar 4 dígitos cada vez que me pesaba: Comenzó en 101.3 y terminó en 135.7 kg. Me he sometido a 3 regímenes alimenticios que me han hecho perder 10, 15 y 25 kilos respectivamente; sus efectos duraron alrededor de un año antes de desvanecerse completa o parcialmente. Pasé la primaria siendo la última de la fila, la más ancha, la más alta. Curse la secundaria odiando educación física y ocultando mi cuerpo por medio de pantalones holgados y chamarras dos tallas mayor. En preparatoria adelgacé lo suficiente para comenzar a escuchar “lo bien que me veía” y lo “mucho que iba a cambiar mi vida”. En los 4 años de la universidad mi peso fluctuó desde la talla más grande que he alcanzado hasta la más pequeña.

El mundo me dejaba ser gorda a cambio de un peritaje que yo pagaba puntualmente: Podía comer siempre y cuando me avergonzara de qué y cómo comía; podía ser gorda siempre y cuando supiera que ser gorda está mal y bajara mi mirada deslumbrada por la bella y exquisita delgadez, la cual se tendría que convertir en el objetivo de mi vida. El mundo y yo estábamos bien con mi gordura hasta que se me ocurrió hacer algo sumamente controvertido y, a juzgar por las reacciones recibidas, severamente reprochable. Un día me mire al espejo y el breves atisbo de autoestima que tenía por fin tomó posesión de mi mente: Me sentí bonita pesando lo que peso, entonces empezó el problema. 

Tolerando la Intolerancia

13 de septiembre de 2016
Escribo esto en respuesta a un par de personas que me llamaron "intolerante" recientemente, personas a las cuales aprecio, por lo que resentí que me tuvieran en ese concepto. He de dejar algo muy claro: Que yo critique, desdeñe o -de plano- me burle de grupos o individuos que fomenten la discriminación social podrá hacerme pesada, sangrona o mala leche, pero que no se confunda eso con intolerancia. La acusación vino cuando discutíamos sobre la "Marcha por la Familia" llevado a cabo en diversos estados de la Republicana Mexicana el pasado 10 de septiembre, organizadas por el Frente Nacional de la Familia(*), en la cual expresan su “apoyo al modelo de familia tradicional y su repudio a la iniciativa que propone el matrimonio igualitario, adopción de menores entre parejas homosexuales y la enseñanza de la ideología de género en las escuelas públicas"(*).

Fue sorprendente para muchos ver tal cantidad de gente marchando y la respuesta en las redes sociales no tardo: Toda la semana han circulado vídeos dónde entrevistan a los asistentes de la marcha evidenciando su falta de argumentos y discursos mal logrados (**), fotografías con mensajes de indignación y hasta memes dónde se burlan tanto de los organizadores de la marcha y sus asistentes como de aquellos que nos hemos quejado de la marcha. Este agitamiento de las redes sociales, nacido en torno a nuestras ideas sobre orientación sexual, derechos humanos y libertad de expresión puso sobre la mesa la “Parajoda de la intolerancia
Donde el individuo tolerante sería por definición intolerante a la intolerancia. Este problema está en el centro del dilema enfrentado por sociedades pluralistas que desean aceptar la diversidad, pero que, al hacerlo, excluyen a aquellos que no aceptan la diversidad (*)
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